Llegando tarde

Aunque tengo buenas intenciones, no lo consigo. Y es que tengo en cartera algún que otro artículo técnico para publicar, pero que se ve sobrepasado por la más rabiosa actualidad. Seguiré perseverando.

Y es que el pasado martes, 9 de marzo de 2021, fui llamado a NO vacunarme.

Efectivamente, como todo el mundo sabrá, han metido al colectivo de profesores como preferente en la vacunación, junto con los sanitarios (un poco antes), los policías y los bomberos, lo cual no está mal para alimentar el ego de este colectivo al que pertenezco, ya que supone un cierto reconocimiento social a la labor que desarrollamos (nosotros no hemos cerrado en estos meses; ahora están abriendo las aulas en Gran Bretaña y Alemania,….) aunque no pecuniario (tampoco para los otros colectivos mencionados).

El caso es que tengo 56 años… mecachis! Un añito más que el límite establecido por los Organismos competentes para que me administren la vacuna de Astrazeneca (de ahí el título de esta entrada).

No esperaba la convocatoria de vacunación si he de ser consecuente con esa máxima que aplico a mi generación y de la cual estoy firmemente convencido (llegar tarde a… ayudas para compra de vivienda, a becas, ayudas por nacimiento de hijos… y lo que te rondaré morena. No obstante, sorpresa, sorpresa, la recibí! ¿Se habrían alineado los astros?

El caso es que me recorro todo Madrid (vivo en la otra punta) para rendir pleitesía al Hospital Zendal (que hay que amortizar como sea) y ya de paso hago turismo (Inciso: Ciudad Deportiva del Real Madrid… como se nota donde está la pasta….).

Me planto allí como digo, y ya mientras estaba saliendo del coche tras aparcarle, oigo, así como quien no quiere la cosa, una conversación que mantenía otra compañera convocada con alguien por teléfono que le estaba informando que no le habían vacunado por la edad… Hum…

Bien, el optimismo que no falte, y allá me dirijo como un campeón a por mi vacuna que para eso me habían llamado, aunque… Hum…

En la puerta me reciben, me preguntan si me han llamado, presento el DNI… (más o menos por ese orden) y.. tengo el paso expédito.

Una amable enfermera, ya con todo preparado, me dice que me siente y… -pausa melodramática- yo indico también amablemente que tengo 56 años así como quien no quiere la cosa (es decir, que entiendo que me tienes que poner la guapa, la de Pfizer…;)

(Me explico: en la llamada nadie me había informado de que vacuna me correspondía. Como quiera que la vacuna de Astrazeneca no estaba aprobada para mayores de 55 años, y los Organismos competentes se andan con pies de plomo legalista por si los llevan a los tribunales… pues vine a deducir, con lógica aplastante, que estaban poniendo la Pfizer al colectivo de profesores mayores de 55 años. Esa misma lógica aplastante falló de avisarme que bien pudieran haberse equivocado al llamarme, evidentemente)

Y ahí terminó mi aventura, la enfermera me indicó amablemente que siguiera hasta el puesto de control (ahí, aún tenía un resquicio de esperanza: “me llevan a una sala VIP para ponerme la Pfizer…”), pero no, mientras bromeaba sobre lo madurito que ya era (por eso de animar a esta gente, que se lo merece y no tiene la culpa), me dieron un documento-justificante donde se indica rechazo por otras causas y me indicaron también amablemente la salida. Todavía me dio tiempo a decirle al celador que me acompañó que me la podían haber puesto ya que me llamarán en un par de meses para ponerme esta misma vacuna. Se limitó a sonreír y asentir.

Que por cierto en el papel pone rechazo, lo que interpreté como que me han rechazado por edad, pero que se puede interpretar como que yo he rechazado la vacuna… Total, que todo este proceso, desde que entré hasta que salí no duró ni un minuto.

En resumen, el caso es que me hallo, como otros muchos profesionales de la enseñanza, concretamente los que superan los 55 años y no se han jubilado, en terreno de nadie, demasiado jóvenes para la vacuna de Pfizer (de la cual nadie habla ya: la tienen acaparada los americanos y lo países que están dispuesto a pagar lo que pidan por ella, a Europa, ¡ay! Europa en lo que has quedado, con cuentagotas), y demasiado viejo para la Astrazeneca, por lo que se da la paradoja (aquí un inciso para recordar que en este país se acuñó el término esperpento, que algo inventamos), la paradoja, digo, de que tengo que trabajar con todos mis compañeros más jóvenes ya vacunados puesto que alguien ha tomado la decisión de que para este grupo de edad, es menos peligroso estar expuesto al virus que a una vacuna, que por cierto otros países sí han aprobado su uso en mayores de 55 años.

Nota aclaratoria

Antes de que se nombraran las generaciones por letras (x, y ,z) o por beautiful palabros en inglés (millennials) existió una generación que por no tener no tenía ni nombre propio y que respondía al llamamiento del Baby boom que se correspondía con un desfase de 10 años arriba o abajo con el Baby boom americano.

Esta generación era más o menos fruto de la euforia, muy relacionada en los países desarrollados con el pertinente acto de la procreación, debida a la finalización de los conflictos bélicos que habían acontecido (la Segunda Guerra Mundial) y en el caso español, si bien el conflicto bélico había acabado bastante antes, hasta los 60 aproximadamente el país no se recuperó lo suficiente como para experimentar esa bendita euforia que conduciría a una explosión de la natalidad y que a la postre produciría toda una generación con nombre propio.

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