La vocación del enseñante

Tere P. Abad / Ängel Moreno Masterclass Branding 2021

¿Y que moverá a esas personas, enseñantes, entre las que me encuentro, a perseverar en su empeño vital a pesar de los muchos inconvenientes de tal labor? Puesto que nos hallamos en cierta medida ninguneados, con más bien escaso apoyo, pelín faltos de reconocimiento social, y en definitiva, relativamente poco respetados (si tomamos en consideración nuestra teórica contribución a la sociedad).

Reflexionaba recientemente mi hija, estudiante de ADE y RRII, que mi profesión estaba… bien, pero que no tenía proyección o recorrido, vamos que no podía promocionar… Y es que ese pensamiento responde a la mentalidad imperante en esta sociedad basada en la competitividad donde el éxito se mide por lo alto que llegas en la organización en la que desarrollas tu labor (que no es malo per se…).

Bueno, pues no. No se trata de eso. En estos días pasados han estado en nuestros talleres varios antiguos alumnos (en la imagen de cabecera dos de ellos, Tere y Ángel, debajo de este párrafo otros tres, Nadia, Paula y Carmen), como ponentes en talleres y charlas, como es tradición, en torno a la Semana Técnico-Cultural de Don Bosco, para conmemorar su festividad.

Estos ex-alumnos, que se prestan a tal evento incluso en estos tiempos en que hay muy buenas excusas para no venir, nos muestran sus avances en el mundo laboral, desde contribuciones modestas que detallan su inicial evolución hacía distintas áreas de su interés, hasta importantes propuestas con presupuestos elevados y proyección internacional y sirven de espejo en el que mirarse a los alumnos actuales.

Pues bien, el buen enseñante, que de todo hay, es aquella persona vocacionada, cargada de curiosidad (se ha de dedicar toda su vida a formarse), que trata de abarcar como buenamente puede todo su objeto de estudio (por muy especializada que sea su área, el conocimiento asociado a la misma es infinito) y que trata de transmitirlo a sus alumnos.

También debe poseer los valores humanos adecuados (positivos) para que el conjunto no chirríe, puesto que se transmite no solo el conocimiento sino además la convicción y la humanidad (eso es algo que inconscientemente e indefectiblemente detecta el alumno).

El resultado es medible, el resultado es buena gente ante todo, estos antiguos alumnos que se abren camino en el oficio y con oficio y que dentro de lo posible, disfrutan con ello. Por nuestra parte quedan buenos amigos y la satisfacción de haber aportado algo, que no es poco, aunque el mérito les pertenece enteramente a ellos. No hay dinero que pague eso.

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