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Los colores captados de la naturaleza, y a los cuales el receptor tiene acceso normalmente, son reconocidos fácilmente y juzgados con severidad, sea consciente o inconscientemente  (con la excepción de los exóticos, ya que estos no tienen un referente real y continuado obtenido de las vivencias propias del observador medio), por lo que su reproducción debe ajustarse lo más posible a la realidad.

Estos colores en ocasiones se denominan de un modo un tanto coloquial como “colores memoria”, dado que ese es el mecanismo al que recurre el ser humano al encontrarse con el objeto al que se halla asociado.

Colores memoria” son el azul del cielo, el azul del mar, los verdes en los árboles,… ¡a pesar de su multitud de matices!  Ciertamente no existe un único color, sino infinitas variaciones de tono, saturación y luminosidad para cada uno de estos colores, y sin embargo un leve defecto en la reproducción de estos colores se percibe exageradamente acentuado.

Así, el ajuste debe ser más preciso cuanto más reconocible sea el color, de ahí que los denominados tonos carne sean extremadamente importantes puesto que una ligera variación al reproducirlos puede hacer pensar al lector en una enfermedad (el desvío excesivo del tono hacia al amarillo, puede convertir a un personaje en un perfecto enfermo de malaria por ejemplo o el desvío hacia el magenta en presunto alcohólico).

Estas imágenes captadas de la naturaleza con cámara digital o escaneadas a partir de una fotografía convencional se pueden presentar en bruto (RAW) o bien en un formato que se acompaña de un perfil asociado de dispositivo o de propósito general tal y como se ha descrito en capítulos precedentes. La información de color de esa imagen debe ser transformada de tal manera que “encaje” en la gama reproducible por la salida, convirtiéndola bien directamente al perfil de salida, bien a un perfil de entrada intermedio próximo a este final (Adobe RGB 1998).

La conversión se puede hacer en una fase temprana, (en la entrada, mediante las aplicaciones de tratamiento automatizado o en la fase de tratamiento mediante los programas de retoque de imagen especializado (Adobe Photoshop es la aplicación comúnmente utilizada para estas tareas).

Como quiera que para el tratamiento es recomendable trabajar en RGB para aprovechar toda la información de color disponible en esta etapa antes de la conversión, se deben establecer los ajustes de color antes de iniciar cualquier operación, estableciendo los espacios de trabajo de tal manera que en RGB se disponga de Adobe RGB 1998 y en CMYK del perfil de salida.

Las normas de gestión de color, salvo que se indique lo contrario en el caso de que haya directrices al respecto (porque el creador de la imagen quiere que se respete el perfil incorporado), deben habilitarse de tal manera que todas las imágenes que estén descritas en RGB se conviertan al espacio de trabajo por defecto.

En este caso el propósito de interpretación (Rendering intent) más adecuado para la conversión del color es el perceptual, puesto que se parte de un espacio de color más amplio que debe ser reducido, pero en el cual la relación situacional en el espacio de color que se establece entre todos los colores de la imagen debe ser mantenida. El ojo se adaptará a esta reducción de gama.

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